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Tú sí que vales

¿Qué te hace disfrutar?, ¿de pequeñ@ qué se te daba bien hacer?, hoy en día ¿con qué te sorprendes?, si tuvieras más tiempo libre ¿a qué te apuntarías ?…

Confieso que estoy agradecida. Hace dos años celebraba mi 50 cumpleaños y ahora estoy en mi mejor momento zen :D, con un hijo adolescente de 16 que no me da problemas, centrado y con criterio, con tiempo para mí, con tiempo para pensar en el ahora, en el pasado y en el futuro y mi conclusión es que doy gracias a la vida, por todo lo que tengo, por lo que soy y por lo que he sido.

Tuve una infancia feliz, te vas haciendo mayor y los estudios se vuelven la prioridad, más tarde el primer trabajo, llegan las responsabilidades y ya eres adulto, la competitividad laboral, la presión social, la dinámica estresante de la vida actual, de casa al trabajo y del trabajo a casa y el fin de semana que pasa volando, la vida en pareja, los hijos que llegan, tantas y tantas cosas que nos arrastran en la vida que nos olvidamos de nuestra autenticidad y perdemos nuestro sello de identidad, nos dejamos llevar por lo establecido, por las tendencias, nos mimetizamos con el entorno, con lo “propio de la edad”, lo “conveniente”, lo “correcto” (¿correcto para quién?).

De pequeña me gustaba el ballet y mis padres me apuntaron a una escuela de clásico, ¡qué agradecida estoy de su decisión que tan positivamente influyó en mi vida!; disciplina, ejercicio, capacidad de esfuerzo, control del cuerpo, danza y música. Esta pasión por el baile no la he perdido y hoy en día con las RRSS tengo el lujo de que con el móvil puedo ver los mejores ballets del mundo, los ensayos, las clases… tantos recuerdos, que aunque no lo practique “por el momento” ;D lo puedo disfrutar igual.

Todos tenemos un TALENTO, todos somos buenos en algo, lo que ocurre que como nacemos con él y viene de serie pasa desapercibido porque nos parece algo natural hasta que alguien nos dice…”oye ¡qué bien se te da esto o lo otro! y no le damos importancia porque es innato pero si pegas la oreja y pones atención, el talento manda mensajes y deja huellas, sólo tienes que estar alerta a sus señales.

Ese talento es nuestra más pura esencia y si lo tenemos abandonado, debemos recuperarlo porque es nuestra válvula de escape para evadirnos de este mundo de constante cambio, tan volátil, incierto y complejo. Debemos encontrar momentos de aislamiento para nosotros, es conveniente resetearnos y practicar las aficiones de la infancia o juventud porque tú lo vales y yo lo valgo, por nosotros, por nuestra salud mental y para oxigenar nuestro disco duro.

Estos talentos no tienen que ser habilidades estereotipadas como las deportivas, artísticas o académicas, hay personas que saben escuchar a los demás y son de gran ayuda sin saberlo, otras tienen buen oído y adivinan una canción con sólo tararear dos notas, otras tienen el don del orden y sacan espacio en el armario de donde no cabía ni un alfiler, otras son tan creativas que te montan un guión a lo Almodovar de lo que acaba de pasar con las clientas en el ultramarinos del barrio, otras de una anécdota simple sacan todo un tema de conversación (¡cuánto envidio esta habilidad!), otras son especialmente empáticas y sus consejos (sin ellas saberlo) son oro puro porque te entienden porque se ponen en tus zapatos y no te juzgan.

Párate un momento a pensarlo, seguro que en la semana encuentras un rato para dedicártelo y si no lo haces es que vives en piloto automático y te dejas llevar por los demás, por la sociedad y no piensas en ti. Nunca es tarde para buscar tu talento, desarrollarlo y disfrutar de él.

Sólo se vive una vez, no hay segundas oportunidades, gestiona tu vida acorde con tu esencia

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